Prólogo
Desde niña descubrí que las características físicas o que el tipo de chicos que solían volver loca a mis amigas contemporáneas conmigo eran totalmente distintas a lo que yo consideraba lindo. La típica apariencia sexy que nos venden en la televisión, en las revistas, en las vallas, en las películas, ¿saben de lo que les hablo?; bueno, nada de eso me atraía. En cambio encontraba exageradamente atractivo a un chico con frenillos en los dientes, o que tuviesen contextura bastante delgada, ¡nada de músculos!, o tal vez con un poco de barriga... pero es que yo nunca encajé dentro del patrón de belleza que dicta la sociedad tampoco. Y pues, fue allí cuando me di cuenta de que mi historial de citas iba a ser interesante , por llamarlo de alguna manera. En mi adolescencia me gustaron muchooooos, pero ninguno era de esos que alguien vería y diría: "¡wow, qué lindo!, pero en mis ojos yo así los veía, perfectos. Pero lamentablemente entre mi preocupación de que me cons...